Voy a tomar un riesgo, después de pedir a Dios que me ilumine para hacer lo correcto. A continuación copio la Declaración que la Conferencia Episcopal Ecuatoriana ayer miércoles 3 de enero emitió con respecto a las próximas elecciones. Al final (y en esto es que me arriesgo) escribiré unas precisiones a la Declaración que son necesarias, pero no en el sentido de explicar el documento, sino para establecer un punto de Vista Católico Tradicional que acepta el Sumo Pontificado del Papa y la obediencia a las autoridades eclesiásticas emanadas desde la Santa Sede.
ELECCIONES: UN ESPACIO PARA LA DEMOCRACIA
DECLARACION DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL
ECUATORIANA
Con ocasión de las próximas elecciones, los
Obispos del Ecuador nos dirigimos a todos los católicos ecuatorianos, hombres y
mujeres, y a las personas de buena voluntad.
Como pastores tenemos el derecho y deber de
iluminar las realidades sociales, políticas y económicas desde el Evangelio y
la Doctrina social de la Iglesia, proclamando los valores del Reino de Dios: la
vida, la libertad, la justicia, la solidaridad y la paz (cf. Concilio Vaticano
II, Constitución pastoral Gaudium et spes 1).
1. Autonomía
de la política y responsabilidad de la Iglesia
En el campo de la política, constatamos ciertas
apreciaciones inexactas. Para algunos, los Obispos deberíamos apoyar
acríticamente a todo Gobierno; para otros, mantener una ciega oposición; y,
para unos cuantos, abstenernos totalmente de cualquier intervención. Las tres
son visiones parciales e inexactas.
Como pastores de la Iglesia Católica, reconocemos y
respetamos la legítima autonomía del orden político. No nos corresponde
expresar preferencias políticas, pero sí valorar programas políticos por sus
implicaciones y consecuencias éticas y religiosas. En efecto, “es de justicia
que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con
auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los
hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias
referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la
persona o la salvación de las almas, utilizando todos y solo aquellos medios
que sean conformes al Evangelio y al bien de todos según la diversidad de
tiempos y de situaciones” (Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium
et spes 76).
Libertad religiosa. El Ecuador, Estado laico, en su
Constitución, en el Art. 66, 8, reconoce y protege “el derecho a practicar,
conservar, cambiar, profesar en público o en privado, su religión o sus
creencias, y a difundirlas individual y colectivamente, con las restricciones
que impone el respeto a los derechos”. Esto nos permite vivir, de una manera
pacífica y respetuosa, entre personas creyentes y no creyentes, evitando todo
fanatismo, tanto religioso como antirreligioso.
Colaboración de la Iglesia. Tanto la comunidad
política como la Iglesia, sin perder su autonomía, están al servicio del bien
común y de la vocación personal y social de cada hombre y mujer. Por este
motivo, es conveniente una colaboración entre ambas en temas sociales comunes,
como la educación, la salud, la asistencia a personas vulnerables, el cuidado
del medio ambiente y otros (cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral
Gaudium et spes 40 y Documento de Aparecida 406).
2. Misión de los Laicos
Los
cristianos no seríamos fieles al Evangelio si nos desentendiéramos del mundo
donde vivimos. La fe, precisamente porque es un acto de la libertad, exige
también la responsabilidad social de lo que se cree. La fe en Cristo, de este
modo, no es un hecho privado, sino que “implica un testimonio y un compromiso
público” (Carta Apostólica Porta fidei, 10).
Accionar político. Los laicos católicos,
pertenecientes o no a partidos y movimientos políticos diversos, tienen la
obligación moral de discernir si el pensamiento que los inspira y sus
propuestas son compatibles con la fe y la moral de la vida cristiana. Por esta
razón, han de valorar si sus propuestas son coherentes o no con los principios
morales arraigados en la misma naturaleza humana y presentes en todas sus
dimensiones personales y sociales.
El cristiano, por lo tanto, no debe adherirse, sin
contradecirse a sí mismo, a sistemas ideológicos que se opongan a la fe que
profesa. Es importante recordar que ningún sistema social o político agota la
riqueza del Evangelio y que, por lo mismo, nadie puede reclamar su opción
política como la única conforme a la enseñanza social de la Iglesia.
Derechos humanos. Los derechos humanos se
fundamentan en la dignidad de la persona en todas sus dimensiones, con lo cual
esta dignidad se constituye en el fin último de toda acción social, política,
económica y religiosa. El Estado es posterior a la persona y no le corresponde
conceder derechos, sino reconocer, promover y garantizar el ejercicio personal
y asociado de los derechos civiles.
La Doctrina Social de la Iglesia, desde esta
perspectiva, está comprometida con el respeto a los derechos de la persona
humana, comenzando por el fundamental derecho a la vida desde su concepción hasta
su fin natural, rechazando frontalmente el aborto.
Es decisiva la vigencia real de los derechos de los
padres de familia para educar a sus hijos conforme a sus convicciones, como
reconoce la Constitución, dentro de un régimen de auténtica igualdad de oportunidades
(cf. Art. 29).
Democracia. En una sociedad democrática, es el
pueblo el que delega el poder a sus gobernantes para que sirva a sus
necesidades, y de ningún modo para ser atemorizado o sustituido por sus órganos
de poder. No se trata de un pueblo como una multitud amorfa a la que se
manipula o instrumentaliza, sino como un conjunto de personas que tienen su
propia visión sobre la “cosa pública” y que están dispuestas a defender sus
derechos y a cumplir sus deberes.
La democracia exige un marco jurídico, la estricta
división e independencia de las tres funciones del poder, a saber, la función
ejecutiva, la función legislativa y la función judicial. Son funciones que
deben ser ejercidas con su propia autonomía y respeto mutuo, en la búsqueda del
bien común del país y no de intereses personalistas, institucionales o
partidistas. También exige la posibilidad real para que la libertad de todos
sea efectivamente respetada y garantizada, como la libertad de expresión al
servicio de una opinión pública, crítica, activa y responsable, con una
inquebrantable pasión por la verdad.
Elecciones. La confrontación democrática en una lid
electoral exige sumo respeto a todas las personas, centrándose más en el debate
de proyectos que en descalificaciones personales. No se trata de entrar en una
lucha ciega y cerrada de unos contra otros, sino de presentar a los ciudadanos
las opciones políticas y los programas de gobierno para que ellos puedan elegir
libremente (cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes
75).
El ejercicio del voto es un medio importante para
asegurar la auténtica democracia. El ciudadano, al ejercer este derecho y
deber, está llamado a no favorecer opciones políticas y legislativas contrarias
a los valores fundamentales y a los principios éticos. No olvidemos que el voto
debe ser responsable, universal, directo y obligatorio. Nos alegramos de la
participación de nuestros jóvenes.
3.
Compromiso
Asumimos el Mensaje final del XIII Sínodo de
los Obispos sobre la Nueva Evangelización que pide: “un compromiso de cuidado
desinteresado y transparente por el bien común, desde el respeto total a la
dignidad de la persona humana desde su concepción hasta su fin natural, de la
familia fundada sobre el matrimonio de un hombre y una mujer, de la libertad
educativa, en la promoción de la libertad religiosa, en la eliminación de las
injusticias, las desigualdades, las discriminaciones, la violencia, el racismo,
el hambre y la guerra. A los políticos cristianos que viven el precepto de la
caridad se les pide un testimonio claro y transparente en el ejercicio de sus
responsabilidades” (nº 10).
Que el Señor nos ilumine para actuar en conciencia,
y conforme a las exigencias del amor: vida, solidaridad, justicia, paz y
libertad.
Quito, 3 de enero de 2012
Consideraciones acerca de esta Declaración:
Para empezar se esperaba un documento que fuese más generalista y por decirlo así "descafeinado"
Gracias a Dios el documento deja clara la posición de la Conferencia Episcopal en cuanto al "fundamental derecho a la vida" desde la concepción hasta su fin natural, declarando específicamente que están "rechazando frontalmente el aborto" así también menciona que los cristianos no deben adherirse a aquellos "sistemas ideológicos... que se opongan a la Fe" llamando al discernimiento de las diversas propuestas y pensamientos de los movimientos y partidos políticos. Así también cita el "compromiso... de la familia fundada sobre el matrimonio de un hombre y una mujer" Además citan el pedido de un "testimonio claro y transparente en el ejercicio de sus responsabilidades"
Sin embargo quedan cosas que se pudieron especificar más:
La libertad religiosa: el concepto queda difuso ya que no hay una clara especificación de que se trata de la libertad de la Santa Iglesia Católica, y esto se ha enquistado a tal nivel en nuestra Iglesia que esta declaración es cita del Mensaje final del Sínodo de los Obispos
Derechos humanos: Los derechos humanos salieron de la guillotina revolucionaria, pero además resulta inexacto decir que el "fin último de toda acción... religiosa" es la "dignidad de la persona" tal definición ni siquiera toma en cuenta a Dios, sino probablemente de forma muy secundaria.
Finalmente, la única mención directa a Dios, es en la cita de la Constitución Pastora Gaudium et Spes, hay una sola mención a Cristo en la cita de la Carta Apostólica Porta Fidei, no se menciona a nuestra Santísima Madre y siempre Virgen María.
Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genetrix. Nostras deprecationes ne despicias in necessitatibus, sed a periculis cunctis libera nos semper, Virgo gloriosa et benedicta.
Amen.